La Guardia Nacional desde la distancia

por Viridiana Ramirez

Por Insyde

La actual reforma destinada a crear la Guardia Nacional presenta, desde la distancia, alguna peculiaridad: constitucionalmente esta descrita como una fuerza civil, pero en la práctica dos tercios de sus miembros provienen del Ejército y la Armada, son formados en academias militares, y tienen como jefes a militares retirados. Circunstancia que ha generado un amplio y virulento debate sobre la conveniencia o no de militarizar la función policial.

Si el texto constitucional establece de manera explícita a la Guardia Nacional como fuerza civil, ¿por qué estos intentos nada disimulados de militarización? Parece que en algunos (poderosos) sectores se piensa que, aunque mantenga formalmente el carácter civil, necesita una estructura y funcionamiento militares. ¿Por qué defienden esta idea? Una explicación muy plausible sería que aquellos partidarios de dinámicas militares pensaran que la situación en que se encuentra México se parece mucho más a una guerra que a la seguridad ciudadana. ¿Significaría abonar la tesis de algunos (Barrón, 2012) según la cual México es un estado fallido, ya que hay partes de su territorio cuyo control están en manos de organizaciones diferentes a las del Estado? Probablemente no sea necesario ir tan lejos.

En primer lugar, en México ya existe una larga tradición de utilizar el Ejército en ámbitos de seguridad pública (Moloeznik, 2018). De hecho, algunos ya las incluyen como una de sus, más o menos implícita, funciones. La tradición de intervenciones militares es larga tanto en el ámbito de las revueltas políticas como en la lucha contra el narcotráfico (predominante en los últimos tiempos). En segundo lugar, resulta evidente que el poder civil ha fracasado en la articulación de un sistema socio-político que impida o dificulte seriamente la existencia de delincuencia altamente violenta. Ante un poder civil y una policía aquejadas de ineficacia y corrupción, no parece impopular la necesidad de recurrir a la profesionalidad, disciplina y fidelidad del Ejército.

En el sur de Europa se trata, sin duda, de la influencia del modelo francés “exportado” por Napoleón en los años subsiguientes a la revolución francesa. La Gendarmerie Nationale se crea precisamente con el proceso revolucionario (1791), como órgano de salvaguarda de los principios revolucionarios. En España (Guardia Civil), Portugal (Guardia Nacional Republicana) e Italia (Carabinieri) se crean algo más tarde y, especialmente en el caso español, no con ningún ánimo revolucionario sino por las presiones de los militares y de los sectores más conservadores que controlaban totalmente el Ejército y no del mismo modo los nuevos e incipientes cuerpos de seguridad. La idea de disciplina, jerarquía y defensa del Estado están muy presentes. De hecho, en el siglo XIX español, cada vez que las clases dominantes sienten que el sistema político se les escapa de las manos utilizan el Ejército para tomar el poder. Por lo tanto, no iban a permitir la existencia de otros cuerpos armados relevantes fuera del mando del gobierno y del rey.

En general, las oligarquías siempre durmieron más tranquilas con la existencia de cuerpos de policía de carácter militar que presumiblemente acabarían defendiendo con total eficacia el status quo dominante (Bertaccinni, 2009). En estos países los cuerpos militares se han configurado para el control del territorio y, en cambio, los cuerpos civiles (Policía Nacional, Policía de Seguridad Pública, y Policía del Estado) se han configurado como policía urbana. No deja de tener sentido que a las policías de carácter militar se les otorgue el control del territorio, que es una de las funciones primordiales del Ejército. En todos estos países la influencia de estas policías con estatuto militar en las esferas de poder es mucho más intensa que la de las civiles.

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