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Personas en situación de calle y COVID-19

Por María Luisa Santillán, Ciencia UNAM-DGDC

Durante la pandemia ha sido visible que no todos pueden quedarse en casa.

Entre las primeras acciones que nos pidieron desde que inició la cuarentena en México por la pandemia de la COVID-19 fueron quédate en casa y lávate las manos. Estas dos indicaciones que podrían parecer sencillas, no lo han sido para toda la población por igual.

Algunas de las poblaciones que no podían cumplir con estas indicaciones eran las personas en situación de calle, quienes evidentemente no tienen una casa en la cual resguardarse y mantener los cuidados higiénicos.

De acuerdo con el último censo de población en situación de calle de la Ciudad de México, que se realizó en 2017, había 6 754 personas en esta condición, de las cuales 87% son hombres y 82% tienen entre 18 y 59 años de edad.

“A pesar de que es trágico que ellos no pudieran quedarse en casa, por otro lado, fue bueno que la gente notara que son muchos, que están ahí y que no son las personas que imaginamos que son, pues hay muchos estigmas sobre estas personas, pero de pronto, con las calles vacías, se vio que hay adultos mayores, personas con discapacidad, familias enteras que viven en la calle y fue evidente que no responde a características personales, sino que es algo mucho más estructural”, explica la doctora Alí Ruiz Coronel, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

 

La investigadora señala que unas características generales de la población que vive en situación de calle en la Ciudad de México es que vinieron de otros estados del interior de la República para buscar opciones laborales o para huir del narcotráfico en sus lugares de origen.

“Por las características del país, porque está centralizado, porque aquí es donde hay más opciones laborales y educativas, por lo menos en el imaginario, las personas de otras regiones vienen y en muchos casos no se imaginan que la ciudad es tan grande, tan hostil, tán indiferente y piensan que pueden encontrar trabajo y finalmente no encuentran. Entonces es un proceso paulatino que los va llevando a quedarse en la calle”, explica la especialiasta en estudios urbanos y regionales.

Distintos procesos

En los momentos más severos de la pandemia fue visible que los únicos que estaban en las calles eran las personas que no tienen un lugar en donde quedarse, quienes además viven una dificil situación porque dependen mucho de las actividades que realizan las demás personas. Es decir, la mayor parte de las personas que viven en situación de calle se insertan en el mercado informal, por ejemplo, algunos colocan o quitan puestos ambulantes, recogen plástico o cartón, piden dinero, cantan en los camiones…

La doctora Ruiz Coronel agrega que por lo regular la gente tiene miedo de las personas en situación de calle porque piensan que tienen un consumo problemático de sustancias o son delincuentes, además de que durante este época de pandemia se piensa que pueden ser focos de contagio al no contar con las medidas de higiene necesarias.

Para la investigadora, la vida en calle tiene que analizarse como un proceso y dentro de éste hay varias fases. La primera es de riesgo, es decir, cuando una persona no está en calle, pero está a punto de estarlo por sus características familiares, sociales, etcétera.

La siguiente es la de expulsión, que es cuando la persona recién llega a vivir en la calle.

La fase de arraigo, es cuando la persona comienza a hacer redes sociales, a saber proveerse de recursos que le da la calle, empieza a acostumbrarse y a tolerar un poco la situación; en ese momento empieza a transformar un poco su aspecto e identidad.

Por último, la fase crónica incluye a personas que llevan muchos años viviendo en la calle, tienen una transformación tanto física como psicológica para socialmente poder sobrevivir en este entorno y la persona crea una identidad de calle.

Aumento de la población

Una de las situaciones que la doctora Ruiz Coronel ha observado durante esta pandemia es que las personas que están en la fase de expulsión aumentaron, aunque aclara que aún no existen datos totales porque todavía estamos viviendo la pandemia, sin embargo, a través de trabajo de campo que ha realizado y recopilando información con otras organizaciones ha detectado dicho incremento.

Agrega que algunas otras personas se han visto obligadas a vivir en calle por razones económicas, ya que ante la llegada de la COVID-19 perdieron su empleo, además de que eran población de riesgo porque vivían en una situación de precariedad económica, de sobrevivencia, es decir, tenían trabajo, pero vivían con muy poco ingreso económico.

“Hay este conjunto de nuevas personas que están viviendo en la calle, en una situación muy angustiante, porque no pertenecen a este entorno, no saben cómo funcionan, no saben cómo obtener recursos, entonces este primer momento de expulsión es siempre algo muy difícil para las personas que lo viven”.

Sin embargo, destaca que aunque se vive una situación trágica, al mismo tiempo es un momento muy fácil de revertir si se hacen intervenciones inmediatas.

“Porque la persona no quiere estar en esa situación, no está adaptada, simplemente está en esa circunstancia totalmente opuesta a su voluntad. Entonces con una intervención como, por ejemplo, de empleo o vivienda, fácilmente se puede cambiar la situación, en este caso de la fase de expulsión. Por eso son tan importantes las políticas públicas de prevención asociadas al desempleo, a la vivienda y al abandono social”, puntualiza la investigadora.

Ahora bien, las primeras instrucciones de la Secretaría de Salud no contemplaban a la población que ya se encuentra en la fase de arraigo y crónica. En ese sentido, ellos no podían quedarse en casa porque no tenían una para hacerlo; tampoco se podían lavar las manos, ya que en la Ciudad de México no existen lugares públicos para hacerlo y no se les permite entrar a los negocios para asearse.

Asimismo, les era imposible mantener una higiene personal, comer sano, dormir, no compartir comida ni bebida, mantenerse informado y acudir al médico si tenía síntomas, ya que las personas en situación de calle se enfrentan a situciones de discriminación.

Sin embargo, la doctora explica que en el contexto de la pandemia, la marginación y el distanciamiento social que se tiene hacia estas personas y que siempre se ha buscado combatir ha resultado un factor de protección, porque como se les ve como focos de contagio la gente no se les acerca, además de que se ha registrado un bajo nivel de contagio en esta población.

Por lo tanto, la doctora sugiere como temas a investigar: el nivel de contagio de las poblaciones que se quedaron siempre en calle, que no pudieron dormir bien, no usaron mascarilla y a pesar de eso no se contagiaron, así como analizar si vivir en la calle ha fortalecido su sistema inmune.